Están los que odian el fútbol (lamentablemente muchos en Chile), que ya no soportan un segundo más de tanta noticia sobre las elecciones de la ANFP. También están los encantados, aquellos que nunca pescaron, pero que abrieron su corazoncito a este deporte gracias a Bielsa y los "éxitos" de la selección. Y están los futboleros, aquellos que no entienden nada de nada, o dicho de otro modo, sólo "creen" que entienden de pelotas, pero con una comprensión del entorno bastante como las ídem.
Esta elección despertó mucha expectación, porque el nuevo rostro del deporte está en juego. Se cambió la imagen del dirigente tránsfuga, roto, oscuro, por uno decentito, que habla bonito, un poco más transparente (eso suponemos) y que, por lo tanto, es capaz de convencer a un Primera Clase que venga a trabajar con nuestra selección... y la saque segunda de América.
Pero también es una elección simbólica, porque representa lo que es Chile hoy:
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Hace unos días escribí en mi "estado" de Facebook "alistándome para destruir Jalogüin... ¡atrévanse a pedirme un candy!". Como siempre, algunos respondieron a la “provocación” con chistes y
otros con una defensa emocional supuestamente incuestionable: los
niños. Pues bien, rescato lo que mi amiga Alejandra Parra me respondió: “Mis hijas tienen 9 y 10, no existe jalogüin para ellas y no tienen ningún trauma. El cuento está en saber cuál va a ser el motivo de no adoptar esta "fiestita" y explicárselos. Si ellos ven que uno actúa de acuerdo a eso, no les pasa nada.
Nosotras vamos ese día como a las 20:30 al cine; luego comemos algo... leer más y compartir, eso para ellas es más emocionante”.

