Artículo sobre la trayectoria del músico Subhira (Rodrigo Cepeda).
Si
hay un músico que a través de su obra me sacó de los esquemas rígidos a
los que mi trabajo y mi pasado musical me tenían acostumbrado y
amarrado, ese es Subhira… o simplemente Rodrigo
Cepeda. Su primer álbum marcó tan profundamente mi sensibilidad, que
fue uno de los pocos sonidos que acompañaron mi viaje a las tinieblas
musicales en las que vagué durante buena parte de los ’90 y el inicio
del nuevo siglo, sin encontrar nada que me identificara y me
reencantara.
El piano que evoca las travesías de este músico por los parajes del sur de Chile y de otras circunstancias de su vida de las que fui testigo en una pequeña parte (“Cahuelmó”, 1995), es tal vez tan provocador como propuestas más ruidosas o “comerciales” que inundan nuestros oídos, incluso en la escena indie, porque bordea la melancolía y la belleza, en un juego al límite entre la tristeza y el goce. “Cahuelmó”, “Sofía”, “Seng Po” y “Asturias”, por ejemplo, son encantadoras y nostálgicas a la vez, llenando espacios, desenterrando recuerdos y creando imágenes.
... en Frankfurt, en medio de conversaciones sobre la escena musical chilena, los fondos concursables, los proyectos audiovisuales y las chicas como motor de inspiración, escuché por primera vez completo su último proyecto, “Transubhiriano” (2007), un disco doble (¡de hermoso diseño!), en que su trabajo se acerca al trance musical y la meditación bailable, por llamarlo de alguna manera.



















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